Dante
Si algo me incomodaba demasiado, era el estar en el lado de la presa. No era mi naturaleza y esta mierda de recibir ataques a cada nada me tenía mamado. En el almacén de armas alcancé al tío y a Vargas. Ellos desconocían lo último.
—¿Qué pasa, Dante?
—Tomaron de rehén a la abuela Claudia y a Karen.
—Pero… No informaron que saldrían. —exclamó Enrique.
—Exacto. Se supone que habían cerrado la pastelería. No sé las razones por las que salieron sin avisar.
No negaré que tener al segundo al m