Sophie recordaba el olor.
No el del resort Walton en sí —ese era genérico, predecible, una mezcla de cloro y ambientadores caros—, sino el de las habitaciones asignadas durante aperturas largas, cuando el resort estaba lleno de ejecutivos y nadie dormía lo suficiente.
Café frío en tazas olvidadas.
El perfume discreto de Alice. Elegido justo para no llamar la atención en un entorno donde todo era marca y exceso. Un aroma que se quedaba flotando cuando ella salía de la habitación.
Sophie recordaba