La luz de la mañana entraba oblicua por las ventanas del despacho y convertía el polvo en suspensión en algo casi sagrado.
Alice Miller estaba de pie frente a la mesa de reuniones, rodeada de maquetas impresas de la nueva campaña publicitaria.
Quedaban treinta y ocho días para la reapertura.
No era un número.
Era un reloj.
No había renders corporativos ni paletas cromáticas vacías.
Había fotografías antiguas.
Cartas amarillentas.
Fragmentos de vida.
—Lujo con alma —leyó Alice en voz alta, pasa