La cita era a las once.
Alice salió del hotel a las diez y veinte.
No porque el Centro Médico Miami Shores quedara lejos.
Porque había aprendido que el trayecto a las consultas necesitaba ese margen: el tiempo necesario para dejar atrás a la directora del hotel y llegar siendo solo la mujer que iba a escuchar latidos.
Bajó al estacionamiento del sótano.
Arrancó ella misma, como siempre.
Sin chofer.
Sin testigos.
Eso también era una regla.
Miami, a las diez y media de un miércoles, tenía ese ritm