Eduardo la encontró a las tres de la tarde con la expresión de quien trae una noticia que no sabe todavía cómo clasificar.
—Hay un visitante en recepción —dijo.
Alice no levantó la vista del informe.
—¿Quién?
—Richard Walton.
Ahora sí levantó la vista.
Eduardo sostuvo su mirada con la neutralidad entrenada de quien ya había aprendido que en ese hotel ciertos nombres requerían una pausa antes de respuesta.
—¿Viene solo?
—Solo. Sin asistente, sin anuncio previo. Se identificó con su nombre y dijo