Davies llegó a las tres de la tarde.
No al hotel.
Liam no usaba el despacho de Walton Corp para reuniones así. Y el penthouse quedó descartado desde que entendió —sin que nadie se lo dijera— que Harrison redactaba informes para Margaret con una regularidad demasiado limpia para ser accidental.
El bar del Kimpton quedaba a cuatro manzanas.
Privado sin ser clandestino.
El tipo de lugar donde dos hombres podían sentarse frente a un whisky y nadie se tomaba el trabajo de recordar sus caras.
Liam lle