El ascensor del estacionamiento subterráneo subió sin música.
Alice miró su reflejo en las puertas de acero y se obligó a no buscar señales donde no debía.
El abrigo gris marengo —lana estructurada, botones plateados— le daba justo la silueta que Valeria quería: autoridad antes que defensa.
No porque eso la protegiera de las cámaras.
Porque en Miami las cámaras no fotografiaban personas.
Fotografiaban versiones.
Las puertas se abrieron.
El juzgado de familia del condado de Miami-Dade no olía a j