El edificio del Centro de Evaluación Forense Familiar del Condado de Miami-Dade huele a aire acondicionado viejo, café recalentado y desinfectante barato.
El vestíbulo es mármol pulido por décadas de zapatos nerviosos. Sobre el arco del detector de metales cuelga una guirnalda verde de plástico con copos plateados: intento de fiesta, resultado de aviso. Aquí también existe diciembre, aunque nada se parezca a una celebración.
Desde los parlantes cae un villancico instrumental, casi inaudible. “Ji