La sala contuvo el aire.
No fue un silencio absoluto. Siempre hay un zumbido mínimo, una silla que cruje, el roce de un papel.
Pero sí esa clase de pausa en la que todos sienten que algo se decide aunque nada “grande” esté ocurriendo.
La jueza Martínez no parpadeó.
La pluma descansaba en horizontal, como si el peso del juicio ya estuviera escrito y solo faltara una palabra exacta para activarlo.
—Señora Miller —repitió, sin impaciencia—. Responda directo. ¿Tiene usted una relación romántica con