Valeria llegó a las once con dos tazas de café que nadie había pedido y con la cara que ponía cuando tenía información que preferiría no tener.
Alice la vio entrar y dejó el informe abierto sobre el escritorio.
Max dormía en el portabebés, contra su pecho, con una calma ajena a los nombres que los adultos acababan de poner sobre la mesa: Herald, David Reiss, custodia, derechos de menores.
Valeria dejó una taza frente a Alice.
—David Reiss —dijo.
—Ya sé quién es —respondió Alice, tomando la taza