La respuesta de Liam estaba en el teléfono cuando Alice despertó.
La había leído la noche anterior, más de una vez, con el móvil entre las manos, Max dormido y Miami afuera siendo Miami: luminosa, indiferente, demasiado viva para detenerse por una frase ajena.
Yo también estoy aprendiendo a quedarme.
A las dos de la madrugada, cuando Max se movió en la cuna y ella fue a revisarlo, volvió a leerla sin decidirlo. El teléfono había sido lo primero que tomó al regresar a la cama, con esa automatici