MARGARET PIDE UNA SILLA

La decisión sobre Margaret no llegó mientras Alice dormía.

Llegó cuando Max soltó el aro de tela después de la sesión de estimulación matutina, miró hacia la ventana con esa seriedad solemne de sus siete meses y después volvió la cabeza hacia ella, como si todas las respuestas importantes del mundo tuvieran que pasar primero por su madre.

Alice sostuvo esa mirada más tiempo del necesario.

Max no sabía lo que era una boda. No sabía lo que significaba un apellido ni una silla al fondo de una sala
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