El alta llegó a las diez de la mañana del tercer día.
No con fanfarria. Con un formulario, una última revisión de la Dra. Sánchez y la frase exacta que Alice no supo que estaba esperando hasta que la oyó:
—Todo está bien. Los dos.
Los dos.
El instinto le golpeó de inmediato: sostenerlo, cubrirlo, que nada lo rozara sin pasar por ella primero.
Alice firmó los papeles con la mano derecha mientras sostenía a Max con la izquierda.
Todo en Alice se ordenó alrededor de una sola necesidad: proteg