La mañana de la boda llegó con una noticia que no estaba en ningún plan.
Eduardo llamó a las ocho y doce, justo cuando Alice terminaba de vestir a Max con el pequeño traje de lino que Martínez había aprobado como tolerable para unas pocas horas. Max miraba el proceso con la dignidad solemne de los bebés que no entienden todavía que la ropa es un lenguaje adulto, pero perciben que algo distinto ocurre cuando los adultos se mueven con más cuidado de lo habitual.
—Alice —dijo Eduardo—. Hay dos cám