La ceremonia fue exactamente lo que Alice había diseñado que fuera: pequeña, ganada y sin espectáculo.
Veintitrés personas en la sala interna del cuarto piso, la misma sala donde durante meses había tomado decisiones que no necesitaban escenografía. Retiraron la mesa de trabajo y pusieron doce sillas a cada lado, con un pasillo central orientado hacia la ventana del jardín botánico. Desde allí se veía la palmera de Thomas, más alta que en verano, con esa densidad de hojas que la luz de noviembr