Margaret llamó cinco días después.
No a través de Richard. No a través de Liam. No con una nota cuidadosamente redactada ni con un mensaje que pudiera releerse antes de responder. Llamó directamente al número de Alice, que seguía en su teléfono porque Alice no lo había borrado después de la boda.
La pantalla vibró sobre el escritorio.
Margaret Walton.
Alice miró el nombre hasta que el tercer tono convirtió el silencio en decisión.
Contestó.
—Margaret.
—Alice.
La voz sonó más quieta que en cualq