Martínez llegó al hotel el jueves con esa puntualidad que Alice había aprendido a leer como respeto, no como protocolo.
Se sentaron en el despacho del cuarto piso: Alice, Liam y Martínez. Max estaba con la niñera, en su rutina de media mañana. La palmera de Thomas recibía una luz gris detrás de la ventana. Sobre la mesa no había documentos ni carpetas. Liam había llegado con las manos libres, sin preparar informes, sin traer argumentos, sin intentar ordenar una conversación que tenía que empezar