—Entonces explícame —dijo Alice— por qué tu nombre estaba ahí.
Liam no respondió de inmediato.
No porque no tuviera respuesta, sino porque si hablaba demasiado rápido iba a sonar a defensa. Y ya había aprendido que, frente a Alice, defenderse antes de decir la verdad era otra forma de mentir.
El cuarto piso seguía en silencio.
La sala cuatro esperaba al final del pasillo.
Max dormía dos pisos más abajo.
Y entre ellos había una acusación escrita en papel judicial con el nombre de Liam donde no d