La reunión llevaba cuarenta minutos y Liam no había escuchado una sola palabra.
Estaba sentado en la cabecera de la mesa de juntas de Walton Corp con la espalda recta, el traje impecable y esa expresión neutral que Margaret había entrenado durante años: atención, control, cero grietas.
El rostro exacto que tranquiliza accionistas y confunde enemigos.
Por dentro no había mesa.
No había directores.
No había cifras.
No había proyecciones.
Había una vitrina.
Ropa de bebé.
Alice quieta frente al