Liam no intentó dormir.
Sabía que era inútil. Llevaba semanas haciendo lo mismo: acostarse temprano, apagar luces, fingir que el silencio era descanso… y terminar despierto a las tres, a las cuatro, a las cinco, mirando el techo como si el techo pudiera darle una respuesta.
El penthouse estaba impecable. Demasiado impecable. Como si alguien hubiera pasado un paño por cada superficie para borrar cualquier prueba de vida.
En una esquina del living, el árbol de Navidad que Sophie había mandado inst