La habitación era la 114.
Planta baja, al fondo del pasillo que doblaba a la izquierda después de la lavandería. No tenía vista a la bahía. Tenía una ventana que daba al jardín interior del hotel: un rectángulo de luz verde y quieta que a esta hora de la tarde filtraba el sol en franjas anchas sobre el suelo de madera.
Alice la había elegido por eso.
No por el tamaño, que era generoso pero no excepcional. No por la cercanía a su propio despacho, aunque eso también pesó. La eligió porque la vent