El titular llevaba circulando desde las nueve de la mañana.
Alice lo vio dos veces. La primera, en el resumen de prensa que Eduardo dejaba cada día en su escritorio antes de las ocho, marcado con código naranja: relevante, pero no urgente. La segunda, en la pantalla de su teléfono, cuando Valeria le envió el enlace a las once con un mensaje breve:
Cuando puedas. No corras.
No corría.
Alice tenía la costumbre de no consumir información sobre sí misma en horas de trabajo. Era una regla práctica.