Liam no tomó la decisión mientras desayunaba.
Ni mientras leyó el comunicado por cuarta vez.
Ni mientras buscó en la versión digital del artículo una frase distinta.
La tomó en el ascensor, camino al estacionamiento.
No como razonamiento.
Como cuerpo.
Como esa parte de uno que ya sabe adónde va antes de que la cabeza firme nada.
Llevaba cinco días mirando las dos palomitas azules.
Cinco días de una ausencia que no era silencio vacío, sino el silencio exacto de alguien que eligió no responder.
Ri