El miércoles llegó con dos frases de Liam intactas.
La del lunes, en el corredor del juzgado:
Lo que tú decidas dejar entrar.
Y la del martes, en el corredor del cuarto piso:
Hasta que tú lo dejes entrar.
Dos frases distintas.
Dos lugares distintos.
La misma línea invisible entre ellas.
Alice lo supo al despertar porque el cuerpo las llevaba de la misma forma en que llevaba los solapamientos de manos y la contabilidad de los ciclos de Max: sin instrucciones, con esa fidelidad específica de las