En la oscuridad y el silencio que siguió a la explosión en Cefalú, la decisión fue rápida y unánime. Dario Moretti, herido y desarmado, era un riesgo demasiado grande para la dinastía Vieri.
Alessandro miró a su suegro, el Sr. Reyes, quien, a pesar del polvo de concreto y la tensión del combate, asintió con una expresión grave. El hombre de negocios había entendido la ley de la mafia.
—Es un cáncer, Alessandro. Si lo dejas, volverá. El bisturí debe ser profundo —dijo el Sr. Reyes.
Alessand