Sara permanecía frente a Dominic, mirándolo con ojos llenos de furia y determinación. Ella no iba a cambiar de opinión, no quería negociar, no lo iba a hacer, Dominic tenía que entenderlo de alguna forma u otra. Y si Sara tenía que darse el lujo de pelear con él hasta que, finalmente, alguno de los dos resultara ser el ganador, ella no descansaría en paz.
La voluntad de Sara parecía ser intacta, Dominic estaba seguro de ello. Él sabía que ella no iba a cambiar nunca de opinión, y Dominic tambié