71. La Marca del Lobo
Cuando la entregó a su padre, cubierto de sangre y con el pecho agitado por la batalla, el emir lo observó en silencio durante un largo instante. Entonces, sin decir palabra, deslizó un anillo pesado de su dedo y lo puso en la mano de Azharel.
—A partir de hoy, el Clan Lobo Blanco te pertenece —dijo con solemnidad.
Azharel miró la joya. Era el emblema del liderazgo, la prueba de que ahora era el alfa de su gente. No pidió explicaciones. Simplemente aceptó el destino que le habían entregado.
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