69. Desconfianza
La tensión en el aire era palpable, y sus manos descansaban sobre las empuñaduras de sus espadas, listas para desenvainarse en cualquier momento.
No tardaron en encontrarse con un grupo de guerreros apostados en la intersección de los túneles. Los soldados, al reconocer a los príncipes, se arrodillaron de inmediato, inclinando la cabeza en señal de respeto. Sus rostros permanecían imperturbables, pero en el fondo de sus ojos ardía una chispa de inquietud. Sabían que la presencia de Alexander y