14. Aurora y el Secreto del Palacio
Los muebles eran escasos, pero ordenados, y sobre una mesa de madera había un tazón con frutas frescas.
—No está aquí, mi señor —dijo uno de los soldados, volviendo con las manos vacías.
Alexander apenas reaccionó. Sus ojos se posaron en una figura que había permanecido inmóvil al fondo de la estancia, una mujer. Era completamente distinta a la que recordaba, pero había algo en ella que lo detuvo en seco. Sus ropas eran sencillas, un vestido de lino que apenas se ceñía a su figura, y su cabello