11. La Bailarina y los Hilos del Poder
—Así que eres parte del grupo de bailarinas, ¿eh? ¿Qué intentabas hacer, escapar antes de que te encontráramos? —preguntó Alexander, su tono era peligroso, gélido.
El hombre en el suelo tembló ligeramente, pero no dijo nada. Sus labios estaban apretados, como si temiera que cualquier palabra pudiera sellar su destino.
—Habla. No tengo paciencia para juegos. ¿Quién eres y qué haces aquí? —exigió Alexander, dando un paso al frente. Su figura imponente parecía agrandarse con cada palabra.
El hombre