Damián la persiguió hasta el garaje subterráneo.
Esa noche, Aitana había conducido un Phantom blanco, pero el coche estaba vacío, ella no estaba dentro.
Damián intentó abrir la puerta y luego desistió.
Se sentó en su propio coche, preparándose para salir a buscarla. Su corazón estaba realmente ansioso, desesperado por encontrar a Aitana.
Justo cuando Damián iba a arrancar el motor, sonó su teléfono. La llamada era de Ginebra.
—Mariana.
Damián miró ese nombre durante unos segundos y contestó. Ráp