Todos sentían lástima por Aitana; los rumores eran ciertos: Aitana había perdido su capacidad de tener hijos.
Esta compasión era más dolorosa para Aitana que la muerte misma.
Traicionada por Damián y ahora azotada por las miradas del mundo entero, no podía permitirse el autocompasión. Al menos frente a los demás, debía mantener su dignidad y decoro.
Aitana miró fijamente a Victoria y pronunció cada palabra con claridad:
—No creas que humillándome retiraré la demanda.
—No solo no la retiraré, sin