Damián quedó atónito.
Observó la humedad en los ojos de Aitana, viendo lo afligida que parecía, y comprendió cuánto le importaba realmente.
Ella no era tan fuerte como aparentaba.
Apenas tenía 27 años, pero había acompañado a Damián a través de tanto. Lo que Damián le debía a Aitana era algo que jamás podría pagar en toda su vida.
Pero ahora, solo podía decir:
—Lo siento.
Una lágrima resbaló por la mejilla de Aitana mientras esbozaba una sonrisa vacilante:
—Damián, no necesito tus disculpas. Sol