Tras descargar sus frustraciones, Aitana se sintió mejor y caminó tranquilamente hacia el estacionamiento.
A lo lejos, Lucas observaba silenciosamente a Aitana, todavía incrédulo de que ella estuviera dispuesta a abandonar a los Uribe y este adictivo mundo de fama y fortuna.
Pero Aitana realmente se marchaba.
Damián la esperaba abajo, junto a su habitual Phantom.
Estaba de pie junto al coche, fumando. Un rayo de sol matutino atravesaba el humo, difuminando el paisaje circundante y desdibujando l