A las ocho y media, Luis estaba en el comedor desayunando.
Después de una noche de desenfreno, seguía siendo apuesto y elegante, solo que su rostro mostraba cierta expresión de satisfacción, aunque no era fácil de percibir.
La empleada doméstica estaba limpiando en el baño, después de un rato salió con la media de seda en la mano y le preguntó a Luis:
—Señor Turizo, ¿esto todavía lo necesita?
La empleada sabía que Luis no tenía novia, pensó que era de alguna mujer de dudosa reputación, por eso h