El pasado era como el silencio. Aunque se dirigía hacia una nueva vida, las heridas del pasado seguían doliendo cuando las tocaban. Susana se calmó afuera, y solo cuando sus emociones se estabilizaron regresó al cuarto del hospital.
Aunque fingía estar relajada, Álvaro notó que algo andaba mal y atrajo a su esposa hacia él:
—¿Qué pasó? ¿Por qué tienes los ojos un poco rojos?
Susana negó con la cabeza:
—No es nada, solo me entró arena en los ojos por el viento.
Álvaro tomó sus manos y después de