Los dos se miraron, uno adentro, uno afuera.
La atmósfera era muy incómoda.
Catalina trató de suavizar la situación:
—Señorita Paz, siéntese para conversar.
Susana agradeció, entró y se sentó en el sofá. Lucas entonces reaccionó, se acercó y se sentó frente a ella, mirando a Catalina preparar dos tazas de café.
Susana dijo suavemente:
—No tomo café, solo agua tibia está bien.
Catalina asintió y le sirvió otra taza.
En la enorme oficina quedaron solo ellos dos.
Los delgados dedos de Susana jugaba