Aitana sonrió y le dijo a la otra secretaria:
—Llama al señor Zelaya de mi parte y dile que definitivamente asistiré.
...
Aitana estaba de muy buen humor. Al atardecer, regresaba al hospital en el auto negro y a mitad del camino le pidió al chofer que se detuviera. Bajó a comprar un ramo de rosas en una florería de la calle.
Aitana caminaba con el ramo entre los brazos, disfrutando de la brisa primaveral, sintiéndose relajada como hacía tiempo no se sentía.
De repente, su mirada se quedó fija.
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