Al menos su amor era por alguien a quien realmente amaba profundamente.
Damián entró al vestidor y Aitana lo vio en el espejo. Le sonrió:
—¡Ya casi termino! En un rato regresamos a la villa de Residencial Aires del Sur, ahí vivíamos antes de que te enfermaras.
El hombre estaba claramente distraído y de repente, sin previo aviso, rodeó suavemente la cintura delgada de Aitana.
Aitana se sobresaltó y le dio palmaditas en la mano:
—¡Damián!
El hombre apoyó la barbilla en su hombro delgado y juntos s