La calidez de aquella mujer entre sus brazos, con su piel suave y su perfume embriagador... ¿cómo podría Damián permanecer indiferente?
Pero no podía ceder.
Le habló con dulzura a la mujer que sostenía, diciéndole que todavía había tiempo para Mateo, recordándole que acababa de someterse a un procedimiento y que su cuerpo no estaba en condiciones para la intimidad...
Aitana fue tranquilizándose gradualmente.
El sol del atardecer teñía de naranja los cristales de la ventana, como llamas que lamía