Damián se puso un albornoz con una sola mano y salió del baño.
Una noche de reencuentro después de tanto tiempo estaba destinada al insomnio. Excepcionalmente desocupado, Damián tenía tiempo para añorar a Aitana, aunque ella estuviera justo al lado.
Pero ya no eran esposos, y molestarla en la noche sería cruzar un límite.
Además, ella seguía odiándolo.
Frente al ventanal de la sala, aún permanecía aquel piano. Damián sacó una botella de vino tinto del bar y se sirvió una copa. Apoyado contra el