Gotas de sangre roja fluían por el tubo transparente, entrando en el cuerpo de Aitana.
Bajo la luz blanca intensa, estaba empapada en sudor, como sumergida en agua. Abrió los ojos sin fuerzas y miró hacia arriba. En medio de la visión borrosa, creyó ver el rostro de Damián...
¿Era Damián?
¿Cómo podía estar aquí?
¿No se había ido a Ginebra? ¿No tenía que ir allí?
Aitana parpadeó suavemente, su visión aclarándose gradualmente. Era el rostro de Damián...
Aitana estaba delirando por el dolor. De rep