La voz en el teléfono era suave: —Aitana, reunámonos.—¿Mariana?
La otra parte había mostrado sus cartas, ¿cómo podría Aitana acobardarse?: —De acuerdo. En media hora, en el café Jazmín.
...
El tráfico del fin de semana estaba congestionado. Cuando Aitana llegó al café, se había retrasado unos minutos.
Mariana ya había llegado.
Estaba sentada junto a la ventana, con un vestido blanco, su cabello negro esparcido sobre sus hombros, muy frágil y hermosa.
Aitana entró al café, encontró fácilmente a M