Al caer la tarde, Aitana fue a Villa Buganvilia.Los empleados la recibieron con alegría, pensando que la pareja se había reconciliado. Una sirvienta se apresuró a recibirla: — ¡Ha vuelto la señora!
Aitana esbozó una sonrisa forzada: — Olvidé algo en el almacén, vine a buscarlo.
La sirvienta no sospechó nada. Tomó las llaves y la acompañó, comentando mientras caminaban: — El almacén lleva tanto tiempo cerrado que temo que todo esté mohoso. Déjeme entrar primero para revisar, no quiero que manche