Chloe Donovan
El aire en la cocina de la mansión Blackwood estaba cargado de una mezcla extraña: el olor metálico de la sangre reciente, el aroma del té frío y esa tensión eléctrica que solo los Blackwood y los Donovan podíamos generar al colisionar. Ver a Casey allí sentada, con las muñecas vendadas y ese orgullo herido que la hacía parecer una reina destronada, me revolvió algo por dentro. Pero la risa fue mi única defensa.
—Lo siento, Casey, de verdad —dije, tratando de recuperar el aliento