Chloe Donovan
El trayecto desde el taller había sido, por primera vez en días, un oasis de paz. Dominic me había tomado de la mano mientras conducía, y en ese silencio compartido sentí que las sombras empezaban a retroceder. Pero en cuanto cruzamos el umbral de la mansión, el aire cambió. Se sentía pesado, cargado de esa electricidad estática que precede a un desastre.
No llegamos a la sala; la tormenta nos alcanzó en el pasillo. Escuché los gritos de Liam, una furia que conocía bien porque era