Dominic Blackwood
El taller estaba sumergido en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el rascado rítmico del pincel de Chloe contra el lienzo y el siseo del viento golpeando los ventanales industriales. Me mantenía en la postura que ella me había exigido: sentado, con la espalda recta y la mirada fija en un punto inexistente. Pero mi atención estaba totalmente centrada en ella.
Ver a Chloe trabajar era como observar un huracán contenido. Había una ferocidad en sus movimientos que contras