Chloe Donovan
El sonido del cristal roto seguía resonando en mis oídos, un eco metálico que parecía marcar el fin de la paz que habíamos construido en el taller. Mia se había ido, dejando tras de sí un rastro de verdades incendiarias que todavía flotaban en el aire denso del salón. Dominic no se movía. Seguía de pie frente a la ventana, con los hombros rígidos y el puño ensangrentado goteando sobre la alfombra persa.
No dije nada. No hacían falta palabras de consuelo vacías cuando el mundo ente