Dominic Blackwood
Entré en la mansión con el pulso todavía acelerado y los nudillos blancos de tanto apretar el volante. El rechazo de Chloe seguía quemándome en la garganta como ácido. "Solo sexo sin etiquetas", me había dicho. Me había echado de su taller como si fuera un cobrador de deudas molesto, justo después de haberme dejado marcar cada centímetro de su piel.
Odiaba no tener el control. Y lo que más odiaba era que esa mujer me hiciera sentir que el control era una ilusión.
Caminé hacia