Chloe Donovan
El aire en el taller seguía pesado, saturado con el aroma de nuestra entrega y el olor metálico de los óleos. Mi cuerpo aún vibraba por el contacto de Dominic, pero mi mente, ahora libre de la neblina del deseo, era un nido de avispas. Sus palabras sobre la traición resonaban en mis oídos como una sentencia de muerte. “La mentira de quien tiene mi confianza... eso no tiene perdón”.
Cada caricia suya ahora se sentía como una cadena. Me separé de él, buscando mi camisa esparcida por